jueves, 9 de junio de 2016

Un nuevo congreso, una nueva oportunidad.



Nos acercamos a nuestro próximo congreso en Salamanca, la semana que viene. Para nosotros es una ocasión importante porque evaluamos y cerramos una etapa, y al mismo tiempo abrimos otra nueva. Inauguramos un proyecto con el reto de llegar a ser el "sindicato de todos", la casa común de todos los trabajadores de la enseñanza con independencia de su centro de origen, público o privado. Porque compartimos una vocación común, "todos educamos", perseguimos el mismo objetivo, "prestar un servicio educativo de la mayor calidad", y lo hacemos desde la misma profesionalidad y con la personalidad propia de cada red de centros.


La centralidad de las familias en la educación de sus hijos es un elemento "impulsor, de progreso y de modernidad" para nuestro sistema educativo. Las escuelas están al servicio de las familias y así deben concebirse, no al revés; jamás deben doblegarse para quedar reducidas a ser meros instrumentos de cualquier ideología por seductora y fascinante que parezca. La escuela plural, autónoma, heterogénea, ilustrada e innovadora es la mejor barrera contra las pretensiones de cualquier tiranía, también posible en un régimen político democrático. Me refiero -a “la tiranía de la mayoría” que se puede ejercer, sobre todo, mediante decisiones de las autoridades públicas, o también a "la tiranía de las opiniones y los sentimientos dominantes", es decir, contra la tendencia de la sociedad a imponer, por otros medios que sanciones civiles, sus propias ideas y prácticas como norma de conducta para quienes disientan de ella, así como a estorbar el desarrollo y, si fuera posible, impedir la aparición de cualquier individualidad que no esté en armonía con ella, para, de este modo, moldear los caracteres según el modelo por ella preconizado- (J.E.Mill.Sobre la Libertad)


Junto a esta defensa de las libertades, entiendo que la gratuidad real de las enseñanzas básicas y las preuniversitarias en toda la red de centros sostenidos con fondos públicos es una garantía de igualdad y de verdadero compromiso político y social de un país con la universalización del conocimiento y con la construcción de un pueblo libre y más culto. Sin una financiación justa y suficiente no es factible ningún programa educativo y se puede  finalmente discriminar gravemente al alumnado según el tipo de centro en el que esté escolarizado, público o privado concertado. El Estado debe garantizar el derecho a la educación de todos, y desde una posición subsidiaria a la individualidad y a la iniciativa de la sociedad civil que se expresa mediante la creación de centros en torno a un proyecto educativo.
En la escuela pública, y en lo que se refiere a la autonomía escolar, su razón de ser radica en la necesidad urgente de los centros de enseñanza de obtener la capacidad para poder adaptar los proyectos educativos y gestionarse por sí mismos, facilitando así una mayor personalización de la enseñanza de acuerdo con la variedad de entornos sociales y las características personales de los sujetos educativos. Cuanto mayor es la presencia del Estado en una sociedad se hace más necesaria una mayor autonomía de los centros escolares públicos para cumplir con éxito su misión. El mayor peligro es tender hacia un sistema uniforme y controlado por el poder político de turno; cada gobierno pretende imponer “su” reforma educativa porque cree que es mejor que la de los demás, en un vaivén permanente, agotador e ineficaz de reformas legislativas.


Para ello, buscaremos cambiar la situación actual definida por el conflicto y la confrontación, de un ataque como adversarios y defensivo, hacia la cooperación. Nuestra Constitución contiene y concibe las redes educativas de manera complementaria. Es urgente cambiar la dinámica presente, comenzando a discutir con realismo las necesidades, en vez de solamente buscar soluciones a intereses particulares. 
Queremos lo que es justo para todos nosotros.
 La perspectiva de “todos ganan” descansa en estrategias que priorizan regresar a las necesidades, reconocer  las diferencias y las potencialidades de las redes de centros, y una apertura mínima para adaptar nuestra posición y actitudes a la luz de la realidad: ¿Por qué cambiar lo que está funcionado bien?. Por encima de todo, atacar los problemas, no a la personas, a los colectivos de trabajadores, a los centros o las diversas opciones y preferencias pedagógicas, filosóficas y la libertad de conciencia de las personas y de las familias.




Empezamos el VII Congreso de FEUSO en un contexto político y social confuso, convulso y excesivamente polarizado. Nos esperan desafíos apasionantes. No desertaremos de ellos.


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