lunes, 2 de mayo de 2016

La hipertrofia del Estado en España.






Recientemente leía un artículo de prensa que relataba la realidad fiscal de España sobre la clase media.
(http://www.libremercado.com/2016-05-01/un-trabajador-que-ingresa-1600-euros-paga-al-estado-mas-de-1200-mensuales-1276572908/)
Esta es la gran verdad de nuestro Estado omnipresente y con una voracidad recaudatoria sin límites. ¿Podríamos vivir dignamente por nuestra cuenta si dispusiéramos íntegramente de nuestros ingresos? ¿Con una sanidad, una educación y una pensión digna? Por supuesto que sí. Pero quieren hacernos creer que no. Y vaya si lo consiguen. 

Nos dicen que la hucha pública es la mejor fórmula: paga mucho y recibe el servicio público que te toque sin rechistar, bueno, malo o regular ... que eso es parte del sistema; es lo que hay. Y de paso crea un gigantesco aparato gestor y político que devora dinero público sin límites. Si te opones eres un insolidario y un delincuente. Entre un liberal y un anarquista solo está por medio un conservador y un socialista (me ha salido un pareado). 
La propiedad privada es uno de los pilares sagrados del pensamiento liberal, pues sin ella no existe una verdadera libertad individual. En este sentido, hoy en día el pulso con el Estado es permanente, inevitable. Porque este último, amparado en un evanescente bien común, mantiene vivo el deseo de penetrar en las propiedades de los ciudadanos. En algunas constituciones modernas se reconoce la propiedad privada como un derecho fundamental, en otras no (es el caso de la española); y, de todas formas, el Estado se reserva la facultad de expropiar a los individuos, siempre con arreglo a unos procedimientos legales e indemnizando según su criterio, como no podía ser de otra manera. 
Vivimos en una época confusa, fecunda en la ignorancia, el disparate y el enredo de conceptos, cuando no su en su fusión más absurda. De esta suerte, se confunde el mercado de competencia perfecta con mercados intervenidos y regulados; se confunde liberalismo con capitalismo; y, lo que es peor, se confunde muy frecuentemente liberalismo con diversas formas de anarquismo. O más bien, se pretende llegar a lo segundo a través de lo primero. 



No nos equivoquemos. En las próximas elecciones del 26J, TODOS los partidos son salvajemente estatalistas, porque nadie quiere prescindir de un céntimo del dinero público que se sustrae a los ciudadanos, y si es posible, incrementarán el atraco legal a nuestras carteras. Lo que está en liza no es curar la hipertrofia del Estado y de su gigantesco aparato burocrático, sino cautivar al votante vendiéndole el retorno de sus impuestos con lazos de colores y distintas modalidades de lo mismo (más educación pública, más becas, más sanidad pública, más empleo público, pensiones garantizadas, justicia y seguridad, renta básica garantizada, etc. Todo el rollo de siempre) Las campañas electorales consisten en la venta al por mayor de bienes y servicios públicos para todos, por supuesto sin detenerse mucho en explicar quién los paga realmente -los propios contribuyentes-, o en cómo se van a pagar -subiendo los impuestos-. ¿Alguien ha reparado en el volumen actual de la deuda pública de España, el 99,20 % del PIB en 2015? ¿En las consecuencias a medio y largo plazo que esa deuda tiene para la economía española de la abundancia prestada?


Muchos creemos en la economía mixta, porque los extremos de riqueza y de pobreza bajo un capitalismo desenfrenado son indeseables, porque nos preocupa realmente el bienestar de la gente, -su salud, su alojamiento, sus escuelas, sus trabajos, sus derechos civiles y sus libertades- Pero creo necesario reflexionar con mayor detenimiento, con más rigor y seriedad sobre cómo hacerlo, sobre el criterio de eficacia, y con un respeto mayor hacia los recursos que aportan los ciudadanos, sin recurrir a la vía más rápida y fácil,  a la más demagógica y populista, que consiste en recaudar más y engordar el sector público como banderín de enganche de una mayoría de votantes. Una vez más el colesterol socialdemócrata dominará el ideario de todos los partidos, sus programas electorales, también del PP y Ciudadanos, empequeñecidos por una falta de convicciones que va pareja a su idolatría a lo políticamente correcto  y a la demoscopia de sociólogos y gurús electorales.

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