domingo, 27 de diciembre de 2015

Sobre la gran coalición PP, PSOE, Ciudadanos


      En la tradición política norteamericana, liderar la oposición es la mejor garantía de llegar a la presidencia algún día. Porque el desgaste inevitable que conlleva gobernar, junto a algunos errores fatales que se pudieran cometer o coyunturas adversas que padecer, canalizan la alternancia y el cambio hacia el principal partido de la oposición de manera ordenada y pacífica. La gran coalición PP, PSOE, Ciudadanos podría ser una salida a la situación política creada tras el 20D.
           El único inconveniente es que queda fuera Podemos, que se transformaría en líder de la oposición en perjuicio del PSOE, al que está canibalizando con mucho éxito en un esfuerzo por ser el nuevo partido mayoritario y hegemónico de la izquierda. Si las cosas salen bien, y la climatología económica no empeora, en las próximas elecciones los partidos de ese hipotético gobierno en coalición podrían vender a partes iguales la recuperación económica, la reducción del paro ... en definitiva, una verdadera percepción social de que las cosas están mejor y van bien. Pero si el dividendo político de ese posible gobierno de coalición es escaso, o socialmente insuficiente para las clases populares y las clases medias empobrecidas... Podemos al gobierno.


      La fractura de la mayoría parlamentaria de la izquierda política encabezada por el PSOE es en mi opinión el dato más relevante de los últimos comicios. No hay que olvidar tampoco el peso tan determinante que han tenido en los últimos procesos electorales los casos brutales de corrupción que afectan a PP y PSOE. Si Podemos sigue al alza, "viviendo" en la oposición y "de" la oposición con un gobierno que todavía tiene que soportar el impacto de la resolución de los principales casos de corrupción en los próximos años (ERES, Púnica, Gurtel, AZNET, y un largo etc.), la cofradía del color morado recibirá gratis mucha munición de grueso calibre para visualizarse como la única opción posible para el recambio en el gobierno, y el líder natural de la regeneración moral y política que necesita el país.


      Otra papeleta difícil es la que tiene Ciudadanos, que ha predicado la necesidad ineludible del cambio y también se daría el abrazo del oso con los partidos de la corrupción y de las grandes clientelas caciquiles. El pinchazo de Albert Rivera, incapaz de romper el suelo electoral del PP de manera significativa, los desplaza a tierra de nadie a la espera de acontecimientos. Su papel no es menor, pero tampoco decisivo, y ésta es la condición sine qua non para ser receptor del voto útil,  tan decisivo en la mentalidad política de los españoles. Probablemente estaría condenado a diluirse e ir desapareciendo en los próximos años porque se deshidrataría como partido en el gobierno al lado de los dos mayoritarios. Se quedaría sin el discurso diferenciado y reformista que le ha dado sus actuales resultados.
      Puede parecer sorprendente, pero en la actual coyuntura, a todos los partidos menos al PP les podría resultar mejor ser oposición con los resultados obtenidos, con la desgraciada circunstancia de que el que ha ganado las elecciones, no puede formar gobierno por la exigua mayoría parlamentaria que tiene. 


      Por muchas vueltas que le demos a la situación creada, y por mucho que analicemos una y otra vez las posibles combinaciones que ofrece el 20D, hay que aceptar que la política no es una ciencia matemática, y que cualquier opción que se tome conlleva una dosis variable de riesgo. Esta es la clave para mi. Para gobernar hay que arriesgar y asumir riesgos. Sobre todo cuando llegan las decisiones difíciles e impopulares. Y digo impopulares tanto para las élites económicas y soberbias que pretenden gobernar el país en la sombra, a golpe de talonario y prebendas, como para la ciudadanía en general. Cada cual verá cual es su capacidad y su voluntad de participar en esa aventura que supone gobernar España en coalición, o dejarla encaminarse hacia un nuevo proceso electoral. Todo tiene sus pros y sus contras. Los profetas del pasado, que tan bien predican en el desierto felizmente pagado de las tertulias, no son más que ruidosos alimentadores interesados de la confusión.


      Creo que hay que valorar los hechos y los datos más relevantes desde la perspectiva interna de España, y sin perder de vista tampoco la perspectiva europea, pues de las decisiones que se tomen en Bruselas dependerá en gran parte el éxito o fracaso del siguiente gobierno, dado que nuestra pertenencia a la Unión Europea encuadra y circunscribe las políticas económicas y sociales con el margen de maniobra que decidan los países más poderosos del norte, y si no, que se lo digan a los vecinos griegos.
      Cualquier dirección que se elija puede terminar bien o mal. Pero es siempre mejor tomar decisiones que no tomarlas. Los líderes políticos del país se van a medir estas próximas semanas con la realidad y con sus propios miedos. Algunos aceptando su salida del escenario, otros emergiendo, y algunos resituándose. De su talla personal y política depende en gran medida el éxito o el fracaso. El factor determinante vuelve a ser la libertad, la calidad y la grandeza de las personas.

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