jueves, 22 de octubre de 2015

A vueltas con la asignatura de Religión en la escuela


El Partido Socialista ha propuesto en el borrador de su programa para las elecciones generales del 20 de diciembre sacar la asignatura de Religión del currículo y del horario escolar para "promover una escuela laica". Hasta aquí, y a pesar del ruido producido, no hay ninguna novedad. Sus organizaciones afines en la comunidad educativa llevan años exigiendo la denuncia de los Acuerdos Iglesia-Estado y la eliminación de la asignatura de religión de las escuelas, por supuesto rellenando el hueco con la ensalzada educación para la ciudadanía. Es la misma bronca del año 2006, nunca resuelta y ahora reeditada. Electoralismo puro, y otra demostración del empecinamiento ideológico y político que estamos padeciendo, y que parece pretender sustituir el debate sobre los temas más urgentes y sustanciales de la educación por las polémicas estériles de siempre, pero que gozan con generosidad del altavoz de los medios: ya se sabe, la asignatura de religión, los conciertos educativos y la escuela diferenciada (segregadora en su torcido vocabulario). Nada hay más socorrido en una reunión de amigos o en un corro de tertulianos que sacar algún tema religioso para animar la conversación y llevarla hasta la discusión más acalorada e inútil. Es un recurso que nunca falla.

domingo, 18 de octubre de 2015

20D. La que se avecina, y uno


Cuando la carrera electoral va cogiendo ritmo hacia la meta del 20D, las expectativas de novedad y de cambio creadas en torno a las fuerzas emergentes sobre las cuestiones educativas se van reduciendo al ritmo de sus propias declaraciones, mientras que los viejos partidos siguen tambaleándose víctimas de su decadencia y del envilecimiento de muchos de sus políticos.
Los elementos clásicos de la política educativa se mantienen inalterados a estas alturas del siglo XXI en el ideario de la derecha, del centro (si es que existe), y de la izquierda. Cada partido utiliza estos ingredientes para elaborar recetas que siempre tienen un sabor reconocible, que gustan más o menos, pero que creo cansan al paladar de los ciudadanos por ser siempre las mismas.