jueves, 29 de marzo de 2012

Sin liderazgo, reina la confusión.



Las elecciones generales del pasado 20 de noviembre otorgaron una victoria histórica al PP, que goza desde entonces de una holgada mayoría en las dos cámaras, Congreso y Senado. Fue el segundo éxito electoral después del obtenido en el terreno municipal y autonómico el 22 de mayo. Por desgracia, la tercera parte de este maratón electoral, la cita andaluza del 25 de marzo, ha terminado en una victoria pírrica para el centro derecha. En cuatro meses, el PP ha perdido más de 400.000 votos en Andalucía y, aunque ganó las elecciones, ha quedado muy lejos de alcanzar la necesaria mayoría absoluta. No podrá gobernar allí, y cuando lo haga el PSOE, será de la mano de Izquierda Unida. Extremadura está muy cerca, geográfica y políticamente de una situación similar. Es un buen aviso para navegantes, y una necesaria cura de humildad para los populares.




La huelga general del 29 de marzo no será la última. En mi opinión, y a modo de balance provisional, observo que ha tenido en general, un seguimiento escaso y desigual. Como es casi imposible medir el éxito de una huelga general, pues todos se sentirán ganadores, Gobierno y sindicatos, alardeando cada uno de sus propios datos. Lo que me parece más significativo es el escaso entusiasmo que ha despertado esta huelga general entre los trabajadores; porque creo que, tal y como están las cosas, pocos pensarán que una acción de esta naturaleza contribuye realmente a mejorar la situación. Por otro lado, entiendo también que, al menos, todo el mundo tiene derecho al pataleo, y más cuando sobran motivos objetivos para estar disgustados.


Con bastante probabilidad, los Presupuestos Generales del Estado 2012 encenderán aún más los ánimos. No me extrañaría que otras nuevas medidas gubernamentales de carácter negativo, junto a la percepción generalizada de un empobrecimiento progresivo, incitaran otras reacciones populares, protestas y conflictos de todo tipo.
El principal problema de España está consistiendo en la falta de un liderazgo político y moral claro. Mariano Rajoy es el Presidente del Gobierno, pero es también el gran ausente del escaparate nacional. Y creo con sinceridad que esta ausencia es su mayor error.
¿Qué está pasando realmente?. ¿Quiénes son los actores principales en esta historia que estamos viviendo, qué papel están interpretando?. ¿Cuál es la verdadera situación del país?. ¿Esto tiene solución?. ¿En qué consiste esa solución? ¿Cuáles van a ser los pasos siguientes? ¿Existe una previsión razonablemente positiva para el futuro? ¿Por qué nadie da la cara y explica públicamente lo que está sucediendo con amplitud, exactitud y verosimilitud?
Hecho de menos ese liderazgo fuerte, positivo, que pueda suscitar un mínimo de ilusión colectiva para afrontar los sacrificios que se nos imponen fríamente mediante reales decretos leyes. Creo muy necesario en este momento particular que alguien con autoridad de la cara, se siente delante de una cámara, y dedique una parte generosa de su tiempo a hacer pedagogía política. A exponer con claridad los temas difíciles y a transmitir confianza y esperanza de cara al futuro.
Mientras el Gobierno tome las medidas, haga las reformas y deje que sean otros quienes las expliquen, el fenómeno andaluz no ha hecho más que empezar, y se extenderá fortaleciendo y revitalizando a la maltrecha oposición. Ante la ausencia de ese liderazgo claro que estimule y canalice la unidad del país en una dirección común, reina simplemente la confusión. Y como se ha dicho siempre, a río revuelto, ganancia de pescadores. Todos salimos perdiendo.

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