martes, 27 de diciembre de 2011

El autodesafío educativo de Rajoy




La victoria aplastante del PP en las pasadas elecciones autonómicas y generales (falta por esclarecer el futuro de Andalucía), abre posibilidades inéditas en nuestra historia reciente para acometer “empresas de gran calado político”. La reforma de la educación es una de ellas. 


El programa del PP, en esta materia concreta, la educación, era tan calculadamente generalista que eludía con habilidad los compromisos concretos. La medida que más ha resonado era la ampliación del bachillerato a tres años. Las declaraciones de los líderes del partido, sin embargo, han sido muy ambiciosas en los últimos tiempos y unánimes en la dirección de que “hay que hacer una reforma en profundidad del sistema educativo”.
El autodesafío educativo que se ha propuesto el propio Rajoy le conducirá sin embargo, a un callejón de difícil salida. Sobre todo en los términos en los que se lo ha planteado él mismo. Es simplemente una cuestión de prioridades que deberá respetar. También es una cuestión de pragmatismo.
Hoy la sociedad española está muy atenta a las medidas que va a adoptar el nuevo gobierno. Un anhelo generalizado aspira a retomar el nivel de vida que disfrutamos en el año 2005. El principal enemigo del estado del bienestar es la ruina económica. Y esta será la cuestión central de la acción de gobierno durante los próximos meses y probablemente de toda la legislatura. Es casi seguro que a este objetivo se subordinarán “manu militari” todos los demás. También los prometidos cambios en educación.
En la actualidad, la ruina económica hace insostenibles los servicios sociales básicos que nadie desea perder. En alguna comunidad autónoma no llega la paga extraordinaria a muchos docentes en diciembre. En alguna otra no se abonan los módulos comprometidos para el funcionamiento de los centros concertados desde hace meses. Hay también alguna que ha pagado las nóminas de sus funcionarios a través de la financiera de “El Corte Inglés” en más de una ocasión. Con estas breves muestras pretendo explicar el argumento principal de mi reflexión: ¿Hay alguien que crea necesario y oportuno en este momento embarcarse en una nueva reforma del sistema educativo? Yo al menos no. La Administración tiene ya bastante tarea con pagar la factura de la educación que tenemos. Sin recursos, un cambio del sistema sería suicida.
Por otro lado, una cosa es prometer y otra muy distinta es “dar trigo”. Aunque la coyuntura económica fuera más favorable, pienso que el PP de Rajoy no podría culminar con éxito esa prometida reforma educativa en profundidad. En primer lugar porque creo que no sabe muy a ciencia cierta qué es lo que diseñaría como alternativa a la denostada LOGSE. El político se desenvuelve bien en el leguaje generalista: “Es necesario combatir el altísimo fracaso escolar”, “la LOGSE es la culpable de los males de la educación que padecemos hoy”, “la educación secundaria hay que cambiarla”, “el bachillerato tiene que tener tres años”. Pero el legislador tiene que ser muy específico y diseñar de abajo hacia arriba “bottom up” con detalle. ¿Qué piensa hacer?. Y más importante aún, ¿cómo piensa hacerlo?. Esta es la gran incógnita que debería despejar para saber de qué se trata realmente esa reforma.
En segundo lugar, porque la mayoría política que ha obtenido el PP no coincide con la mayoría social del país. No al menos en la comunidad educativa. Los resultados de las últimas elecciones sindicales en la escuela pública son un dato que no se puede obviar: Victoria muy mayoritaria de los sindicatos autoproclamados de “izquierda” poco proclives a las ideas del partido popular. La  reciente y masiva movilización del profesorado en la Comunidad de Madrid tampoco es un dato que debería obviar Rajoy. Más allá de quién podría obtener la victoria en un muy posible pulso político entre la administración popular y una oposición muy organizada y liderada por la izquierda educativa, lo que es muy claro es que la posible reforma de la educación no se puede hacer “contra el profesorado”. Y es también seguro que la mayoría del profesorado no está hoy por esa labor.
Por último, concluyo defendiendo una premisa que es obvia. William James decía que “la mejor herramienta es la que hace mejor el trabajo”. Yo así lo pienso también. La solución a la difícil situación que vive el país  requiere de una educación mejor, pero a su vez, mejorar la educación no es fácil en la actual situación que vive el país. Nos guste más o nos guste menos, seguir navegando en el sistema  educativo actual es lo más prudente en plena marea de profunda crisis económica social y moral que padecemos. Sacarle el máximo partido a este “barco” será el mérito de su capitán y la tripulación que lo conduce. Otros planteamientos deben esperar a mejores tiempos.



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